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La
Homeopatía es una terapéutica medicamentosa que
utiliza para la curación de las enfermedades una serie
de sustancias -que al igual que en la terapéutica clásica
o alopatía pueden ser de origen vegetal, animal, mineral
o químico-, que al ser ingeridas por un individuo sano
en dosis elevadas son capaces de producir en el organismo humano
una enfermedad igual o muy similar a la que luego éste
mismo medicamento va a ser capaz de curar en un individuo enfermo.
Así para tratar una inflamación, la fiebre o un
dolor, la Homeopatía no utilizará ni ANTIinflamatorios,
ni ANTIpiréticos, ni ANTIálgicos, sino precisamente
sustancias que a dosis ponderales (medibles) son capaces de
producir en el individuo sano inflamación, fiebre o dolor.
Así las cosas parece que más que curar los medicamentos
homeopáticos lo que deberían hacer es agravar
al enfermo, pero ello no es así y la Homeopatía
no agrava sino que cura. Y cura la enfermedad utilizando aquellos
medicamentos que son capaces de provocarla pero administrados
a dosis muy pequeñas, infinitesimales literalmente (no
medibles). De éste modo el enfermo, ante el estímulo
que representa el medicamento -semejante a una vacuna-, ve potenciados
sus propios mecanismos de defensa inmunológicos y ve
reestablecida su salud, en muchos casos, de un modo más
suave, sólido y duradero de lo que sería capaz
de proporcionarle la alopatía con sus altas dosis de
productos químicos, radicales y poderosos en ocasiones,
pero no siempre exentos de efectos secundarios potenciales o
inevitables.
Pero
más allá, el médico homeópata estudia
e individualiza el tratamiento para cada uno de sus enfermos.
Así dos pacientes que presenten un mismo cuadro clínico
recibirán cada uno de ellos un medicamento adecuado para
"su enfermedad individual", y que no tiene que ser
forzosamente el mismo para ambos. Ello es así porque
el médico homeópata una vez establecido el diagnóstico
de la enfermedad -al igual que hace un médico alópata-,
establece el diagnóstico homeopático buscando
y analizando los síntomas peculiares y las modalidades
de los mismos que conforman el modo personal de reacción
de un paciente ante la enfermedad, y que le llevarán
finalmente a prescribir el medicamento homeopático más
adecuado para el paciente (el más SIMILAR a la enfermedad
que el paciente presenta).
Por otro lado hoy en día, dos siglos después de
que Hahnemann publicara en su famoso "Organon" los
fundamentos de la Homeopatía, ésta ya no puede
ser considerada una ficción, una entelequia o una creencia.
La Homeopatía en su vertiente farmacológica -podemos
hoy hablar de una farmacología homeopática- aplica
para sus estudios el método científico de un modo
tan riguroso como pueda hacerlo la farmacología tradicional.
La Homeopatía tiene tras de sí un bagaje de investigación
tan importante -ya sea a nivel, clínico, bioquímico
o físico- que no hay otro remedio que considerarla una
ciencia parangonable a la medicina tradicional.
Vemos
pues que la Homeopatía se diferencia de la medicina tradicional
en que no trata enfermedades sino enfermos, y en que los medicamentos
homeopáticos no interfieren de modo brusco las funciones
del organismo, sino que lo estimulan para que sea éste
el que de un modo suave y sin efectos secundarios logre superar
la enfermedad. Lógicamente la práctica de la Homeopatía
requiere una buena dosis de conocimientos especializados y complejos
que sólo el médico homeópata será
capaz de manejar con arte. Y quizás convenga recalcar
aquí que la Homeopatía como terapéutica
médica que es sólo puede ser ejercida por un MÉDICO.
En caso de duda el enfermo está en su derecho de exigir
a quién le atiende el título de Licenciado en
Medicina y el certificado de colegiación que le acredita