Hipercolesterolemia

¿Qué es la hipercolesterolemia?

La hipercolesterolemia es un desajuste metabólico en el que los niveles de colesterol en la sangre están anormalmente elevados. Puede ser consecuencia de diversas patologías y en todo caso, lo que sabemos a ciencia cierta, es que es un factor de riesgo de primer orden en el desarrollo y aparición de las enfermedades cardiovasculares. 

Niveles correctos de colesterol

En general se consideran correctos unos niveles de colesterol en sangre por debajo de los 200 mg/dl. Entre los 200 mg/dl y los 239 mg/dl estamos en la zona límite y es aconsejable reducirlo, especialmente si se dan otros factores de riesgo en una misma persona. Cuando los niveles de colesterol superan los 240 mg/dl estamos ya claramente en una situación de hipercolesterolemia que debe ser tratada. Pero…¿Qué es el colesterol?

Fórmula del colesterol

El Colesterol y su importancia

A pesar de que la palabra colesterol está llena de connotaciones negativas y que se asocia a una mala alimentación, problemas cardiovasculares y obesidad, el colesterol es una sustancia indispensable para el correcto funcionamiento de nuestro organismo. En la actualidad la American Heart Association (AHA) recomienda que el consumo diario de colesterol en adultos sea inferior a 300 mg y que en el supuesto de padecer alguna enfermedad cardiovascular esta cifra se reduzca a 200 mg.

Hay algunas situaciones o enfermedades que favorecen que exista hipercolesterolemia, como son el hábito tabáquico, el sedentarismo, la hipertensión o la diabetes; por lo que las personas que tengan alguno de estos factores tienen mayor propensión a la hipercolesterolemia y deben reducir la ingesta diaria de colesterol.

El colesterol es una grasa natural que se encuentra presente en todas las células de nuestro organismo (formando parte de la membrana celular) y que realiza importantes funciones, tales como intervenir en la formación de ácidos biliares, participar en la formación de hormonas (sexuales y tiroideas), recubrir las conexiones neuronales de nuestro cerebro, permitiendo una buena sinapsis o conexión entre ellas, y participar en la formación de vitamina D. Por lo tanto el colesterol es un lípido (grasa) indispensable para el buen funcionamiento de nuestro organismo, pero, como decíamos en la introducción, si se encuentra en exceso puede ser perjudicial.

Según la AHA más de 105 millones de adultos estadounidenses, aproximadamente la mitad de los adultos, tienen niveles de colesterol total superior a 200 mg/ml. De ellos unos 36 millones tienen niveles de colesterol superior a 240 mg/ml

Colesterol-HDL y Colesterol-LDL

El volumen de colesterol circulante en nuestro organismo depende principalmente de dos factores (que deben mantener un cierto equilibrio entre sí): de los niveles de colesterol que tienen los alimentos que tomamos y de la fabricación de colesterol en el hígado. También es importante el ejercicio físico y en general los deportistas difícilmente alcanzan niveles de colesterol elevados.

Debido a que el colesterol es insoluble en agua no puede circular por si mismo en la sangre (que básicamente es agua), y lo hace ligado a un tipo especial de proteínas llamadas lipoproteínas, especializadas en el transporte de grasas por la sangre. Existen varios tipos de lipoproteínas pero dos de ellas son las más importantes:

  • HDL: lipoproteínas de alta densidad
  • LDL: lipoproteínas de baja densidad

Las LDL son las lipoproteínas encargadas de llevar el colesterol desde el hígado hasta los diferentes órganos del cuerpo, mientras que las lipoproteínas HDL son las encargadas de recoger el colesterol no utilizado y llevarlo nuevamente al hígado, bien para que sea almacenado o bien para que sea eliminado a través de las sales biliares con las heces.

Se ha comprobado que el colesterol unido a las lipoproteínas LDL (colesterol-LDL) se deposita en las paredes de las arterias, favoreciendo la aparición de placas de ateroma, por lo que se le ha denominado “colesterol malo”. A pesar de este nombrecito la función del colesterol-LDL es muy importante, ya que aproximadamente el 70% del colesterol que tenemos en la sangre está asociado a LDL.

El exceso de colesterol-LDL que circula por la sangre se deposita en las paredesde las arterias. Este depósito provoca una respuesta inflamatoria que conduce a la formación de la placa de ateroma.

Hay que tener presente que los niveles adecuados de colesterol-LDL no son iguales para todos los individuos; así en una persona que ha sufrido una enfermedad cardíaca o un accidente cerebro-vascular el nivel superior deseado de colesterol-LDL es de 100 mg/dl; mientras que en las personas que tienen dos o más factores de riesgo cardiovascular el nivel deseado es que no sea mayor de 130 mg/dl. Por su parte las personas que no tienen más de un factor de riesgo pueden permitirse llegar hasta los 160 mg/dl.

En cualquier caso hay que tener en cuenta que un nivel alto de colesterol-LDL en sangre constituye un factor de riesgo fundamental en el desarrollo de las enfermedades coronarias, aún más importante que el colesterol total, y que su reducción disminuye de forma significativa el riesgo de padecer un problema cardiovascular. Para reducir el colesterol LDL es recomendable llevar una dieta equilibrada, dejar de fumar, realizar ejercicio físico y tomar fármacos hipolipemiantes.

La lipoproteína HDL cumple la función de barrer el exceso de colesterol de los tejidos, arterias, vasos, etc. Este colesterol-HDL es primero, metabolizado en el hígado y luego eliminado por el organismo, por este motivo se denomina “colesterol bueno”. Tener un colesterol HDL superior a 40 mg/dl, en las mujeres, y mayor de 35 mg/dl en los hombres, ayuda a prevenir enfermedades como la ateroesclerosis (cardioprotector); puesto que esta lipoproteína ”limpia” las paredes arteriales de posibles depósitos de colesterol.

Tratamiento hipolipemiante

Dietético

En el supuesto de que se detecten niveles elevados de colesterol-LDL es necesario seguir una dieta restrictiva respecto a la ingesta de grasas de origen animal. Se recomienda no sólo hacer una vida menos sedentaria, sino mejorar la dieta aumentando el consumo de frutas, verduras, y fibra. También se recomienda ingerir más alimentos con grasas insaturadas (monoinsaturadas y poliinsaturadas), como son el pescado, el pollo y los aceites vegetales (principalmente el de oliva). Además es conveniente reducir el consumo de los alimentos ricos en grasas saturadas (carnes rojas, cerdo, cordero, fiambre, queso graso, mantequilla) y los productos de bollería.

Por otra parte, hay una serie de situaciones relacionadas con el estilo de vida que ayudan a elevar el colesterol-HDL; alimentación baja en grasas saturadas y rica en fibra, actividad física periódica y constante, no fumar, evitar beber en exceso y reducir el nivel de estrés. Como se puede ver, las medidas que aumentan el colesterol-HDL son muy similares a las que disminuyen el colesterol-LDL.

A pesar de todo, en la gran mayoría de los pacientes con hipercolesterolemia todas estas medidas son insatisfactorias y es preciso recurrir al tratamiento farmacológico. De todos los fármacos que existen en la actualidad en el mercado, los más efectivos son las estatinas.

Estatinas

Las estatinas actúan inhibiendo la HMG-CoA reductasa, una enzima que ayuda al organismo a producir colesterol, de esta forma se produce menos colesterol. Al retrasar la producción de colesterol el hígado produce más receptores de LDL, que captan las partículas de LDL en la sangre, reduciéndose la cantidad de colesterol-LDL. En general, las estatinas disminuyen un 20-60% los niveles de colesterol-LDL, elevan un 5-10% los niveles de colesterol-HDL y disminuyen las concentraciones de triglicéridos en sangre un 5-15%.

Un reciente estudio realizado en el Reino Unido ha demostrado que en los pacientes de mayor riesgo cardiovascular el tratamiento con estatinas puede reducir hasta en un 50% el riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio y accidentes cerebrovasculares. 


 

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