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La leche de la madre contiene una serie de factores intrínsecos (anticuerpos, proteínas y células inmunitarias) que contribuyen a que el neonato se vea libre de determinadas enfermedades, sobre todo en los primeros meses cuando el sistema inmunitario del bebé todavía no funciona a pleno rendimiento para defenderse de los patógenos externos –infecciosos o alergénicos-.

Leche personalizada
Los nutrientes que la componen son seleccionados de la sangre materna  en la proporción necesaria, que varía día a día, de una toma a otra, conforme el niño se desarrolla, por lo que es una leche personalizada que se adapta perfectamente a las necesidades individuales del niño.
La leche materna contiene por lo menos 100 ingredientes que no se encuentran en la leche de vaca ni en las leches artificiales. Los niños alimentados con leche materna no suelen tener problemas de estreñimiento, ni de diarrea (destruye microorganismos patógenos y promueve el crecimiento de flora beneficiosa).
Los niños alimentados con leche materna suelen tener menos problemas de obesidad y lecturas más bajas de colesterol en la edad adulta.
Parece que éstos niños tendrán también un coeficiente intelectual algo más elevado, tanto por el aporte de ácidos grasos que influyen en el desarrollo cerebral como por la relación de intimidad que se establece con la madre.
Durante el primer año de vida, los niños alimentados con leche materna, sufrirán menos infecciones respiratorias, urinarias y de oído, gracias a la transferencia de factores inmunológicos.

Ventajas inmunológicas

*Anticuerpos
Los anticuerpos de la leche materna son IgG, IgA, IgM, IgD e IgE. La principal es la IgA que ejerce de barrera defensiva –respiratoria e intestinal- controlando microorganismos infecciosos sin producir inflamación. El bebé no puede fabricar IgA hasta pasadas varias semanas o meses desde el nacimiento. Los anticuerpos de la madre serán idóneos en general, puesto que madre e hijo viven en el mismo entorno con idénticos agentes infecciosos de los que defenderse, y además los anticuerpos que el bebé recibe de la madre no atacan la flora intestinal beneficiosa del niño.

*Células inmunitarias
 Son principalmente leucocitos capaces de combatir directamente la infección y de activar otros mecanismos de defensa. Los leucocitos neutrófilos abundan durante los primeros 4 días tras el parto (calostro), fagocitan bacterias en el estómago e intestino del lactante y son menos agresivos que los de la sangre. Los macrófagos que constituyen hasta un 40% de los leucocitos del calostro., tienen funciones de fagocitosis, sintetizan lisozima –proténa destructora de bacterias- y activan otros leucocitos –como los linfocitos-. Los linfocitos B generan anticuerpos específicos contra microorganismos. Los linfocitos T destruyen directamente células infectadas o envían mensajes químicos para la intervención de otros mecanismos de defensa inmunitarios.

*Otras moléculas protectoras:

  • Oligosacáridos: cadenas de azúcar que evitan que determiandas bacterias accedan al interior de las células que revisten la pared del intestino del lactante.
  • Mucinas: macromoléculas formadas por proteínas e hidratos de carbono, que tienen la capacidad de adherirse a determinadas bacterias y virus y eliminarlos del organismo.
  • Lactoferrina: se une a átomos de hierro compitiendo con muchas bacterias patógenas que lo necesitan para desarrollarse (Staphylococcus aureus).
  • Proteína fijadora B12: priva de su unión a la vitamina B12 a determinadas bacterias.
  • Factor bífido: promueve el crecimiento de Lactobacillus bifidus microorganismo muy beneficioso para el lactante.
  • Ácidos grasos: pueden desgarrar la membrana de determinados virus y destruirlos.
  • Interferón gamma: se encuentra en el calostro y potencia la actividad antimicrobiana de las células inmunitarias.
  • Fibronectina: se encuentra en el calostro y potencia la actividad antimicrobiana de los macrófagos y contribuye a la reparación de los tejidos del neonato lesionados por las reacciones inmunitarias.
  • Cortisol y factores de crecimiento –proteínas- (factor de crecimiento epidérmico, nervioso, preinsulínico, somatomedina C): contribuyen a la maduración del sistema inmunitario y al sellado del revestimiento mucoso del recién nacido, haciéndolo bastante impermeable a los agentes patógenos.

Tipos de leche
Son los distintos tipos de leche que la madre va produciendo durante la lactancia y que están adaptados a las necesidades del bebé en cada momento de su desarrollo.

(1) Precalostro
Se produce durante la gestación, en la luz de los alvéolos. Está compuesto de plasma, sodio, cloro, células inmunitarias, inmunoglobulinas, lactoferrina, seroalbúmina y una pequeña cantidad de lactosa.

(2) Calostro
Se produce en los primeros 4 días tras el parto. Es un fluido amarillento (betacaroteno) y espeso, compuesto por precalostro que se mezcla con la leche que empieza a producirse. Alcanza un volumen de 2 a 20 ml por toma en los primeros 3 días tras el parto, suficiente para satisfacer las necesidades del recién nacido. Produce unas 54 kcal/100 ml y contiene 2,9 g/100 ml de grasa, 5,7 g/100 ml de lactosa y 2,3 g/100 ml de proteínas (tres veces más proteínas que la leche madura). Destaca su gran contenido en IgA y lactoferrina, además de linfocitos y macrófagos, lo que confiere una acción protectora al neonato.

(3) Leche de transición
Se produce entre el cuarto y el quinceavo día tras el parto. Entre el cuarto y el sexto día hay un brusco aumento de la producción de leche, que sigue aumentando progresivamente hasta estabilizarse en unos 600-700 ml/día entre el día 15 y el 30 tras el parto. Su composición varía, con el transcurso de los días, entre el calostro y la leche madura.

(4) Leche madura
Finalmente se produce la leche madura que tiene 70 kcal/100 ml. Su volumen promedio es de 700 ml/día en los seis primeros meses tras el parto, descendiendo a unos 500 ml/día en el segundo semestre. Sus principales componentes son proteínas, minerales, hidratos de carbono, grasas, agua y vitaminas.
Contiene un 88% de agua –semejante al plasma-.
El azúcar que contiene y principal fuente de energía para el lactante es la lactosa (disacárido de glucosa + galactosa). La presencia de lactosa determinas unas heces blandas que permiten una buena absorción de calcio en el intestino. Por otro lado la galactosa interviene en el desarrollo del sistema nervioso central del niño. Los hidratos de carbono y las proteínas de la leche estimulan el crecimiento del Lactobacillus bifidus, bacteria predominante en el intestino del lactante que lo protege de microorganismos patógenos. Algunos oligosacáridos de estructura semejante a los receptores celulares bacterianos bloquean la adherencia de bacterias a la membrana celular.
Las proteínas (0,9 g/100 ml) están compuestas en un 30% de caseína y en un 70% de proteínas del suero (lactoferrina, lactoalbúmina, lisozima, IgA, IgG, IgM y albúmina). Otras proteínas presentes en pequeña cantidad son las enzimas, los moduladores del crecimiento y las hormonas.
Las grasas son el componente más variable de la leche materna. Aportan el 50% de las calorías de la leche. Su concentración es menor al inicio que al final de la toma. La calidad de los ácidos grasos puede estar determinada por la dieta materna.
Contiene también leucocitos: linfocitos y macrófagos. Los macrófagos mantienen su capacidad fagocitaria en el tubo digestivo del lactante así como su capacidad para producir lisozima y lactoferrina. Los linfocitos mantienen su capacidad de producir anticuerpos.

Leche pretérmino
Es una leche que puede producirse cuando hay un parto prematuro. Contiene mayor proporción de proteínas y menor de lactosa que la leche madura, más adecuada al lactante inmaduro en sus requerimientos proteicos. También contiene mayor cantidad de IgA, aunque es insuficiente en cuanto a los requerimientos de calcio y fósforo de un recién nacido de bajo peso, por lo que se necesitan suplementos.
 

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