Lógicamente la práctica de la Homeopatía requiere una buena dosis de conocimientos especializados y complejos que sólo el médico homeópata será capaz de manejar con arte.
La Homeopatía como terapéutica médica que es sólo puede ser ejercida por un MÉDICO. En caso de duda el enfermo está en su derecho de exigir a quién le atiende el título de Licenciado en Medicina y el certificado de colegiación que le acredita. El médico homeópata estudia e individualiza el tratamiento para cada uno de sus enfermos. Así dos pacientes que presenten un mismo cuadro clínico recibirán cada uno de ellos un medicamento adecuado para “su enfermedad individual”, y que no tiene que ser forzosamente el mismo para ambos. Ello es así porque el médico homeópata una vez establecido el diagnóstico de la enfermedad –al igual que hace un médico alópata-, establece el diagnóstico homeopático buscando y analizando los síntomas peculiares y las modalidades de los mismos que conforman el modo personal de reacción de un paciente ante la enfermedad, y que le llevarán finalmente a prescribir el medicamento homeopático más adecuado para el paciente (el más SIMILAR a la enfermedad que el paciente presenta).
Por otro lado hoy en día, dos siglos después de que Hahnemann publicara en su famoso “Organon” los fundamentos de la Homeopatía, ésta ya no puede ser considerada una ficción, una entelequia o una creencia. La Homeopatía en su vertiente farmacológica –podemos hoy hablar de una farmacología homeopática- aplica para sus estudios el método científico de un modo tan riguroso como pueda hacerlo la farmacología tradicional. La Homeopatía tiene tras de sí un bagaje de investigación tan importante –ya sea a nivel, clínico, bioquímico o físico- que no hay otro remedio que considerarla una ciencia parangonable a la medicina tradicional.