Intolerancias alimentarias


Malestar inespecífico de años de duración

Muchas personas padecen durante años molestias inespecíficas y síntomas, que por más que se investigan por el médico, parecen no corresponder a ninguna enfermedad grave, pero que perjudican su día a día de manera importante. En muchas ocasiones lo que se oculta tras esas molestias crónicas es una intolerancia alimentaria.
 

¿Qué entendemos por intolerancia alimentaria?

La intolerancia a los alimentos (también conocida como sensibilidad alimentaria) puede considerarse como una reacción adversa del organismo a determinados alimentos. Esta intolerancia, como veremos más adelante, puede manifestarse de diversas formas (dolor articular, problemas digestivos, migraña, fatiga, etc.), y está provocada por las IgG (inmunoglobulinas G).

En general, la intolerancia no contraindica la toma del alimento que la provoca, pero si que es conveniente limitar su ingesta, para minimizar los efectos indeseables que nos provoca.

Diferencia entre intolerancia alimentaria y alergia alimentaria

Es diferente de la alergia alimentaria que frecuentemente es una reacción aguda del sistema inmunológico mediada por los anticuerpos IgE, que se produce al ingerir, tocar o incluso inhalar pequeñas cantidades de determinado alimento.
 

El intestino delgado y la absorción de los nutrientes

El intestino delgado es fundamental para una buena nutrición, pues es donde se absorben los nutrientes aportados por los alimentos, tras ser digeridos.

Inflamación intestinal crónica

La alimentación moderna con gran cantidad de alimentos procesados con colorantes y conservantes, exceso de glúcidos de rápida absorción y de grasas, dietas desequilibradas, poca fibra, estilo de vida estresante (comer deprisa) o hábitos tóxicos (alcohol, tabaco, medicamentos...), pueden acabar afectando al intestino delgado, dañarlo y alterar su buen funcionamiento.  

Una flora intestinal íntegra es garantía de buena salud

Por otro lado hay que tener en cuenta que allí habita gran parte de la flora intestinal y es donde se fabrican un 70% de las defensas de nuestro sistema inmunológico. Por ello una disfunción intestinal o un desequilibrio de la microflora que allí habita puede provocar una gran variedad de síntomas digestivos, dermatológicos, fatiga, cambios de humor, depresión, etc.
 

¿Qué alimentos pueden provocarnos intolerancias?

Suele coincidir que los alimentos que nos provocan el problema son aquellos que comemos más regularmente, incluso los que más nos apetecen y tenemos más ansiedad por comer.

Los síntomas de la intolerancia a los alimentos pueden deberse a varios factores: una deficiencia enzimática, por ejemplo en la intolerancia a la lactosa; la sensibilidad a determinados compuestos químicos, por ejemplo las aminas del chocolate y del vino tinto pueden provocar migrañas; o una respuesta inmunitaria humoral de tipo IgG que determinamos por análisis en sangre (enzimoinmunoensayo ELISA).
 

Inflamación intestinal: aumento de la permeabilidad de las microvellosidades del duodeno

Algunos alimentos inducen la producción de anticuerpos IgG

Se ha demostrado mediante investigación que la intolerancia a los alimentos puede estar vinculada con el incremento de los anticuerpos IgG por parte del sistema inmunitario tras la ingesta de determinados alimentos. En condiciones normales, estos anticuerpos forman complejos con las proteínas de los alimentos, que son eliminados por el sistema inmunológico posteriormente, sin que se produzca ningún efecto adverso.

Alteración de la permeabilidad intestinal

Pero cuando hay una excesiva permeabilidad de las microvellosidades intestinales del duodeno, que pueden estar inflamadas y dañadas, estos complejos se pueden depositar por todo el organismo y provocar inflamación, lo que puede causar infinidad de síntomas como fatiga, síndrome colon irritable (SCI), hinchazón, migraña u obesidad.

Aparición de sintomatología inflamatoria diversa y malestar

En esta situación, el organismo considera que los alimentos son un “problema”. Los síntomas pueden prolongarse durante varios días o más y con frecuencia son intermitentes, lo que dificulta la identificación de los alimentos que el organismo tiene problemas para procesar.
 

Problemas de salud asociados a las intolerancias alimentarias

Las condiciones clínicas que se han podido relacionar con intolerancia alimentaria y que, tras suprimir el alimento o alimentos, en más de dos tercios de los casos, se han producido mejorías evidentes, son las siguientes, con datos entresacados de diversas publicaciones:

  • Trastornos gastro-intestinales (50%): Dolores abdominales, estreñimiento, diarrea, hinchazón, síndrome del colon irritable. Es la patología que más induce a pensar en una intolerancia alimentaria. Puede cursar desde dolores abdominales, diarrea o vómitos, a estreñimiento, por lo que puede ser aconsejable realizar el test bioquímico de IgG frente a alimentos ante una patología digestiva poco definida etiológicamente.
     
  • Procesos dermatológicos (16%): Acné, eczema, psoriais, rashes, urticaria, picor.
     
  • Molestias Neurológicas: (10%): Dolor de cabeza, migraña, mareo, vértigo.
     
  • Molestias respiratorias: (10%): Asma, rinitis, dificultad respiratoria.

En estos casos citados puede haber solapamiento con un proceso alérgico.

  • Trastornos psicológicos (11%): Ansiedad, letargia, depresión, fatiga, náuseas, hiperactividad (principalmente en niños).
     
  • Trastornos reumáticos: Artritis, fibromialgia, articulaciones inflamadas


Regeneración de la mucosa intestinal

Si somos capaces de detectar a qué alimentos somos intolerantes, deberemos reducir su toma al máximo o eliminarlo durante una temporada, si las molestias que nos causa son muy importantes.

Mientras tanto podemos colaborar en la regeneración de la flora intestinal y en la reparación de las microvellosidades con una serie de sustancias:

  • Enzimas y sustancias digestivas que favorezcan una correcta digestión y asimilación de los alimentos: amilasa, pancreatina, lipasa, alcachofa, cardo mariano, boldo...
     
  • Probióticos que nos ayuden a restablecer la flora intestinal, mejorando el sistema inmunológico y evitando el crecimiento de microorganismos patógenos.
     
  • Reparadoras y antiinflamatorias: L-Glutamina, Quercetina, Regaliz, Inulina, Vitamina A, Vitamina C.
     
  • Antioxidantes y antiinflamatorias: Ácidos grasos esenciales omega 3 y 6, L-Metionina, L-Cisteína, Proantocianidinas, Zinc, Cobre.
     
  • Digestivos antisépticos-antiespasmódicos: Orégano, Clavo, Menta, Hinojo.




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