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Alergia, rinitis alérgica y fiebre del heno

¿Qué es la alergia?

La alergia es una respuesta exagerada del sistema inmunológico (las defensas de nuestro organismo), que se produce cuando entramos en contacto con determinadas sustancias externas, llamadas alergenos. Su aparición se recrudece en primavera, porque uno de los grupos de alergenos más frecuentes son los pólenes, unas células reproductoras de las plantas que proliferan durante esta estación. Alergeno es el nombre que se da a aquellos antígenos -sustancias extrañas al organismo- que son capaces de provocar una reacción alérgica.


Fotografía de diversos pólenes de plantas. Imagen Dartmouth Electron Microscope Facility, Dartmouth College.

Los alergenos pueden considerarse como unos antígenos medioambientales totalmente inocuos, pero que nuestro organismo interpreta que son sustancias patógenas, por lo que desencadena una potente respuesta inflamatoria.


El proceso de la alergia

El sistema inmunológico de las personas produce unas glicoproteínas, del tipo gamma globulina, que son capaces de unirse selectivamente a los alergenos -antígenos-. Estas proteínas se denominan inmunoglobulinas o anticuerpos. Los anticuerpos o inmunoglobulinas se unen específicamente a un sólo tipo de antígeno.

Sensibilización al antígeno

Este fenómeno de especificidad selectiva de la reacción antígeno-anticuerpo (Ag-Ac), viene determinada por la exposición previa del organismo a un alergeno (antígeno) determinado, en una primera invasión. En este primer contacto del alergeno con nuestro organismo, será reconocido por los linfocitos B, que empezarán a producir anticuerpos específicos contra él.

Estos anticuerpos se unen a receptores específicos de membrana de los mastocitos -células inmunitarias que se encuentran en los tejidos- y de los basófilos -un tipo de células blancas de la sangre-, quedando así estas células sensibilizadas contra ese antígeno y preparadas para actuar contra él, en una eventual futura invasión.

Inmunoglobulinas (anticuerpos)

Existen diversos tipos de inmunoglobulinas (Ig): IgA, IgD, IgE, IgG, IgM. Las IgE son los anticuerpos que están involucrados en las reaccciones alérgicas. Para cada alergeno -antígeno-, el organismo desarrolla una IgE concreta, es decir un anticuerpo específico.

Reacción antígeno-anticuerpo

La IgE se une a los mastocitos y a los basófilos. Cuando el alergeno penetra por segunda vez en nuestro organismo y estas células entran en contacto con él, se produce la unión del mismo con la IgE específica que le corresponde. Esta reacción se denomina de antígeno-anticuerpo y entonces se produce la rotura y degranulación de la célula: se liberan unas sustancias llamadas citoquinas, histamina y leucotrienos, que envían señales para que empiecen a actuar otros mediadores inflamatorios, en una reacción en cadena. Estas sustancias son las que originan la inflamación en el aparato respiratorio y producen los síntomas de la alergia.

Fases de la  reacción alérgica. Imagen slideplayer.es/slide/11106668/


¿Qué es la rinitis?

Durante la primavera, el verano y el otoño el polen flota en el aire. Mediante la respiración, el polen penetra en las fosas nasales y por contaco desencadena la rinitis. La rinitis es pues un trastorno alérgico que afecta a la mucosa nasal y que produce estornudos - sobre todo por las mañanas-, picor nasal y ocular, obstrucción nasal, secreciones nasales y en ocasiones falta de olfato. Puede haber también goteo postnasal -que puede desencadenar tos seca- y cefaleas por la obstrucción. Asimismo, también se pueden presentar cuadros de lagrimeo y fotofobia.

Además, la presencia reiterada de rinitis debe ser motivo de consulta a especialistas, para su estudio y eventual establecimiento de medidas de tipo preventivo, que eviten la aparición de asma o sirvan para el tratamiento precoz de la misma.

Rinitis estacional (fiebre del heno) y rinitis crónica

El problema no lo representa tanto la denominada rinitis estacional o fiebre del heno –una rinoconjuntivitis causada por la alergia al polen de finales de la primavera y principios de verano-, como aquellas modalidades en las que el trastorno deja de ser periódico y ocasional para convertirse en crónico. Cuando la inflamación de la mucosa nasal y su cortejo de síntomas son casi continuos a lo largo de todo el año, hablamos de rinitis crónica, y hay que investigar cual es el agente desencadenante.


Causas de la alergia

Se estima que un 20 por ciento de la población es alérgica a alguna sustancia (pólenes, polvo, alimentos, hongos) y parece ser una cifra que va en aumento. Los especialistas estiman que en los próximos 20 años, las alergias podrían formar parte de la vida de la mitad de los europeos y del 30 por ciento de la población española.

Higiene

En parte, el aumento podría deberse a que en los países industrializados la mejoría de las condiciones higiénicas y sanitarias, hace que los niños tengan contacto directo con muy pocos microorganismos (virus y bacterias). Esta protección podría hacer que su sistema inmune, que tiene poco trabajo, se estimule exageradamente al entrar en contacto con agentes externos como los pólenes, normalmente inocuos para el organismo.

Contaminación ambiental

La contaminacion ambiental puede contribuir al incremento de esta enfermedad ya que produce una inflamación de la mucosa nasal y facilita la absorción de los antígenos polínicos. Esto podría explicar por qué en el medio urbano la frecuencia de polinosis es el doble que en el medio rural a pesar de que en éste la exposición polínica es mucho mayor.

Herencia

No obstante, se sospecha que existe una predisposición hereditaria a las alergias, lo que significa que un niño cuyos padres son alérgicos probablemente desarrolle algún tipo de sensibilización, aunque no necesariamente hacia la misma sustancia que rechazan sus padres. Por ejemplo, si la madre es alérgica al marisco, tiene más probabilidades de desarrollar una alergia, pero no precisamente a ese alimento, sino a otros alergenos como el polen.

Sistema inmunitario

También pueden favorecer la aparición de las alergias, situaciones en las que bajan o se debilitan las defensas del organismo (tras una infección vírica o durante el embarazo).


Factores desencadenantes de la alergia

Esta enfermedad se suele desarrollar durante la infancia y la juventud. Sin embargo, no es extraño que se produzcan a otras edades debido al exceso de polución y polen en el ambiente. Hay que diferenciar entre rinitis estacional y rinitis crónica pues hay algunas diferencias.

Rinitis estacional

Las gramíneas, el olivo o la Parietaria judaica son las causantes principales de estas afecciones. De hecho, los pólenes de las gramíneas (hierbas) son la causa más importante de la fiebre del heno en España y en casi todo el mundo. En segundo lugar se encuentra el polen del olivo en las zonas del sur, centro y este de la península. El polen de la Parietaria judaica, por su parte, se limita a la zona costera mediterránea.

Rinitis crónica

Es una enfermedad de la que a veces se conoce la causa y en otras no. En el primer caso, esto es, en las rinitis crónicas de causa conocida, el factor provocador son los alergenos, mientras que en las de causa desconocida (o intrínseca) la razón habría que buscarla en la especial sensibilización del organismo de los afectados.

Entre los alergenos más implicados en este tipo de rinitis que parecen formar parte de la vida de una persona, los más importantes, son los ácaros del polvo doméstico (unos parásitos más pequeños que la punta de un alfiler y que se encuentran por centenares en el interior de los colchones y alfombras de las casas), así como la saliva, los epitelios u orina de animales (gatos, perros, hámsters) y algunas especies de hongos atmosféricos.

El factor alergizante también puede encontrarse en el lugar de trabajo, dando origen entonces a lo que se denomina rinitis ocupacional. Los elementos más comúnmente implicados dentro de este ámbito son las harinas de cereales (panaderos, industria de alimentos precocinados, fábricas de piensos, etc.), las enzimas proteolíticas (fábricas de detergentes, medicamentos, harinas) y las maderas tropicales.


Evolución de la alergia hacia el asma

A pesar de que son muy molestas, las alergias no son enfermedades graves por lo general, pero sí pueden acabar en cuadros más complejos, como el asma. De hecho, se calcula que el 80 por ciento de los asmáticos tienen, en menor o mayor grado, una base alérgica. En estos casos, el asma aparece también por la acción de los alergenos, y los pólenes son el principal grupo de alergenos que la desencadena.

La rinitis o rinoconjuntivitis no es igual a asma, pero puede ser un indicador de que la persona que la padece tiene una especial predisposición a desarrollar más adelante los síntomas (tos seca, sensación de falta de aire, sibilancias, etc.) característicos de una hiperreactividad bronquial. Hoy en día tendemos a considerar la alergia (rinitis alérgica) y el asma como dos estadíos progresivos de una misma enfermedad respiratoria.


Tratamientos de la alergia

Evitar el contacto con el desencadenante

Si el motivo del trastorno se identifica claramente con un determinado alérgeno, por ejemplo con los ácaros del polvo doméstico, el tratamiento de la rinitis pasa entonces por evitar que entre en contacto con nosotros. En el caso de los ácaros, por ejemplo, unas buenas medidas preventivas son poner fundas especiales en el colchón, lavar semanalmente con agua a más de 60 grados centígrados la ropa de la cama y quitar las moquetas y alfombras de la casa.

Tratamiento farmacológico

Sin embargo, no siempre es así de sencillo rehuir el foco de riesgo –entre otras razones, porque la persona alérgica lo suele ser a varias sustancias a la vez, no todas ellas fácilmente controlables-, por lo que en la mayoría de los casos, y más en aquellos en los que la causa de la rinitis es intrínseca o desconocida, la acción terapéutica debe sustentarse en el empleo de medicamentos.

De todos ellos, los más empleados en la actualidad son los antihistamínicos de segunda generación, que carecen de efectos sedantes, y los corticoides, inhalados u orales, para alergias más rebeldes que no remiten con el tratamiento con antihistamínicos.

Tratamiento fitoterápico

Actualmente son muchas las plantas que han demostrado ser útiles para la prevención y el tratamiento de los procesos alérgicos, e incluso del asma. Se ha visto que las plantas que contienen determinados principios activos, como flavonoides, terpenoides, fitosteroles, saponinas, etc., poseen potentes propiedades antihistamínicas y antiinflamatorias, propiedades reguladoras de la permeabilidad capilar, y por ello capaces de evitar el desencadenamiento del proceso inflamatorio.

Las más importantes en este sentido son la Sófora japónica -muy rica en una sustancia flavonoide denominada Quercitina-, la Regaliz -muy rica en el triterpenoide Glicirricina y en otros flavonoides-, Pino marítimo -con una corteza muy rica en flavonoides-. También la Cúrcuma y el Jengibre poseen propiedades útiles para el tratamiento de la alergia y el asma.

Los flavonoides comparten propiedades de los antihistamínicos y de los corticoesteroides, aunque carecen de los efectos secundarios potenciales de los mismos. Además, por sus características antioxidantes, proporcionan otros importantes beneficios a nuestro organismo.
 

Más información:
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